Para acercarnos al proceso de enseñanza
aprendizaje existen muchas teorías. “Teorías
del aprendizaje, de corte psicológico, que tratan de explicar cómo se aprende, las
teorías de la enseñanza intentan explicar cómo se puede hace para influir en el
aprendizaje” (Mallart, 2009, p. 45).
Además de estas teorías existen modelos
didácticos (comunicativo, tecnológico, colaborativo) para aproximarnos a la
realidad sirviéndonos de guía para la acción educativa, los cuales “deben mostrar los diferentes elementos que
intervienen en el proceso de enseñanza aprendizaje, a fin de alcanzar los
objetivos previstos” (Mallart, 2009, p. 54).
Sin embargo después de varias
entrevistas con profesores/as que ya tienen un bagaje profesional, al
preguntarles sobre qué teorías o modelos didácticos centran su enseñanza; muy
pocos saben responderte. Debido tal vez a que el uso de
un modelo puro es inexistente y por el contrario si lo es la combinación de elementos procedentes de
varios.
Si observamos y analizamos la práctica docente podríamos
deducir que aplica un modelo comunicativo si basa en dialogo el acto didáctico,
uno constructivista si deja que el alumno a través de sus experiencias
construya conocimientos,..., y uno conectivista si conforme a Siemens (2004) propone
una búsqueda de información específica para luego capacitar a los alumnos a conectar
esa información, dando más importancia a la habilidad de aprender aquello que necesitaran
mañana que a lo que saben hoy.
Si,
“el aprendizaje se entiende en términos de modificación de la estructura y
funcionamiento neuronal con consecuencia sobre la actividad adaptativa del
individuo en el medio físico y social en el que vive”. (Anaya, 2009, p. 47)
Y según García et alt. (2009) “toda
acción educativa implica un propuesta intencional que se va a
desarrollar en un tiempo, que se origina necesariamente en la comunicación, a la vez que va a exigir y pretende el logro de un
efecto de acuerdo a unos fines y objetivos propuestos” (p.88).
Seria por lo tanto “el proceso didáctico algo concebido
de tecnificación ya que persigue la eficacia en la consecuencia de los resultados”
(Mallart, 2009, p. 55).
Entonces no es lógico pensar, ¿qué el trabajar
desde un modelo tecnológico que busque una eficiencia en el desarrollo del
proceso con actividades programadas, uso de herramientas tecnológicas (lápiz,
papel, ordenador, web, etc.,) para obtener lo mejor de los discentes, y que evalué
el producto tanto externa como internamente (reflexión propia), sería uno de los más
adecuados para realizar el acto educativo?
Y más aún si
como dice Mallart (2009) “la
participación del alumno, su implicación –incluso a veces fascinación- es una
de las riquezas más valiosas de este modelo” (p.55).
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