viernes, 29 de abril de 2016

Un modelo tecnológico para la práctica.


Para acercarnos al proceso de enseñanza aprendizaje existen muchas teorías. “Teorías del aprendizaje, de corte psicológico, que tratan de explicar cómo se aprende, las teorías de la enseñanza intentan explicar cómo se puede hace para influir en el aprendizaje” (Mallart, 2009, p. 45).
Además de estas teorías existen modelos didácticos (comunicativo, tecnológico, colaborativo) para aproximarnos a la realidad sirviéndonos de guía para la acción educativa, los cuales “deben mostrar los diferentes elementos que intervienen en el proceso de enseñanza aprendizaje, a fin de alcanzar los objetivos previstos” (Mallart, 2009, p. 54).
Sin embargo después de varias entrevistas con profesores/as que ya tienen un bagaje profesional, al preguntarles sobre qué teorías o modelos didácticos centran su enseñanza; muy pocos saben responderte.  Debido tal vez a que el uso de un modelo puro es inexistente y por el contrario si lo es la combinación de elementos procedentes de varios. 
Si observamos y analizamos la práctica docente podríamos deducir que aplica un modelo comunicativo si basa en dialogo el acto didáctico, uno constructivista si deja que el alumno a través de sus experiencias construya conocimientos,..., y uno conectivista si conforme a Siemens (2004) propone una búsqueda de información específica para luego capacitar a los alumnos a conectar esa información, dando más importancia a la habilidad de aprender aquello que necesitaran mañana que a lo que saben hoy.
Si, “el aprendizaje se entiende en términos de modificación de la estructura y funcionamiento neuronal con consecuencia sobre la actividad adaptativa del individuo en el medio físico y social en el que vive”. (Anaya, 2009, p. 47) Y según García et alt. (2009) “toda acción educativa implica un propuesta intencional que se va a desarrollar en un tiempo, que se origina necesariamente en la comunicación, a la vez que va a exigir y pretende el logro de un efecto de acuerdo a unos fines y objetivos propuestos” (p.88).
Seria por lo tanto “el proceso didáctico algo concebido de tecnificación ya que persigue la eficacia en la consecuencia de los resultados” (Mallart, 2009, p. 55).
Entonces no es lógico pensar, ¿qué el trabajar desde un modelo tecnológico que busque una eficiencia en el desarrollo del proceso con actividades programadas, uso de herramientas tecnológicas (lápiz, papel, ordenador, web, etc.,) para obtener lo mejor de los discentes, y que evalué el producto tanto externa como internamente (reflexión propia), sería uno de los más adecuados para realizar el acto educativo?
Y más aún si como dice Mallart (2009) “la participación del alumno, su implicación –incluso a veces fascinación- es una de las riquezas más valiosas de este modelo” (p.55).

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