viernes, 29 de abril de 2016

La competencia comunicativa como base para la competencia mediática.


Entendemos por competencias claves las que “debe haber desarrollado un joven o una joven al finalizar la enseñanza obligatoria para poder lograr su realización personal, ejercer la ciudadanía activa, incorporarse a la vida adulta de manera satisfactoria y ser capaz de desarrollar un aprendizaje permanente a lo largo de la vida”. (Tiana, 2011, p.6)
En la enseñanza obligatoria española se contemplan las siguientes: competencia en comunicación lingüística, competencia matemática, competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico, tratamiento de la información y competencia digital, competencia social y ciudadana, competencia cultural y artística, competencia para aprender a aprender, autonomía e iniciativa personal.
 “La competencia comunicativa es el termino más general para la capacidad comunicativa de una persona capacidad que abarca el conocimiento de la lengua como la habilidad para utilizarla. La adquisición de tal competencia está mediada por la experiencia, las necesidades y motivaciones, y la acción, que es a la vez una fuente renovada de motivaciones, necesidades y experiencias” (Rincón, p.100).
“Nuestros estudiante pasan gran parte de su tiempo en internet, de donde aprenden e intercambian información” (Sánchez, 2015, p. 71), por lo que el contexto comunicativo actual ha cambiado.
Debemos adaptar la comunicación a los entornos digitales para ello los soportes tecnológicos son el medio físico pero a la vez el intermediario y facilitador de comunicación.  
Cuando existe ruido en la comunicación el mensaje se distorsiona, lo mismo ocurre cuando existe sobreabundancia de información y no se tienen la capacidad para distinguir cual es útil o cual no.  Por lo que adquirir una competencia medial resulta imprescindible.
Siguiendo a Bartolomé (2005) distinguimos tres dimensiones de esta competencia:
a) Relación autónoma con los medios.  Esto significa la selección, recepción, utilización activa de los medios en razón de los propios intereses y juicios fundamentados.
b) Comunicación activa con medios.
c) Reflexión crítica y responsabilidad frente a la evolución de los medios. Se contemplan tanto los análisis de la evolución medial en su significado individual y social como las consecuencias sociales y éticas entre el progreso tecnológico y las condiciones de vida humanas
Si revisamos el estudio realizado por Ferrés, Aguaded, García (2012) sobre la competencia mediática de la ciudadanía española, se pone de manifiesto que:
Tan solo en la dimensión tecnológica existen unos niveles mínimos de capacitación, confirmando “la incapacidad de la mayoría de los ciudadanos entrevistados para valorar un mensaje desde el punto de vista artístico…” (p. 28) y el poco interés mostrado por realizar una producción personal.
Llama la atención la credibilidad que dan al sentido de la vista, ignorando que aquello que los medios muestran es una realidad construida” (Aparici y Fernández, 2012, p.202). Habría que destacar la actitud sobre todo de la mujeres, que si bien observaron estereotipos de género en los medios, en la publicidad, etc., a muy pocas les incomodó.
Se comprobó que no conocían la existencia de instituciones dedicadas a defender los derechos de la audiencia, así como dónde acudir para realizar una queja, etc.  Y sí lo sabían aun habiendo motivos nunca lo hicieron, comprobándose que “la carencia más grande no es la cognitiva sino la actitudinal”. (p. 35)
Desconocen las profesiones relacionadas con la comunicación audiovisual y la mayoría manifiesta que solo usan los medios para informase sobre deportes, desconectarse, etc., e incluso reconocen que en You Tube solo miran por lo que nunca han pensado en utilizarla la web para mejorar su entorno social.
Está claro que la enseñanza no solo debe facilitar una educación a través y con los medios (competencia digital y tecnológica) sino una educación que oriente sobre su uso “se trata de facultar a los estudiantes para utilizar los medios de forma consciente, crítica, responsable y activa en su propia comunicación”. (Bartolomé, 2005)
Para ello es imprescindible el uso de los medios tecnológicos en el ámbito escolar puesto que si de lo que se trata es de “involucrar  al  alumno en un aprendizaje interdisciplinar que valore actividades humanísticas y artísticas y que derribe los muros que han existido entre las diferentes asignaturas”(INTEF, 2015, p.3), mucho más hay que insistir en derivar los muros que separa la enseñanza tradicional descontada de la sociedad digital, porque “el mundo es cada vez más un mundo de medios siendo éstos los nuevos intermediarios sociales”. (Bartolomé, 2005)

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