Entendemos por competencias claves las que “debe haber desarrollado un joven o una joven al finalizar la
enseñanza obligatoria para poder lograr su realización personal, ejercer la
ciudadanía activa, incorporarse a la vida adulta de manera satisfactoria y ser
capaz de desarrollar un aprendizaje permanente a lo largo de la vida”. (Tiana,
2011, p.6)
En la enseñanza obligatoria española se contemplan
las siguientes: competencia en comunicación lingüística, competencia
matemática, competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo
físico, tratamiento de la información y competencia digital, competencia social
y ciudadana, competencia cultural y artística, competencia para aprender a
aprender, autonomía e iniciativa personal.
“La competencia comunicativa es el termino más
general para la capacidad comunicativa de una persona capacidad que abarca el
conocimiento de la lengua como la habilidad para utilizarla. La adquisición de tal
competencia está mediada por la experiencia, las necesidades y motivaciones, y
la acción, que es a la vez una fuente renovada de motivaciones, necesidades y
experiencias” (Rincón, p.100).
“Nuestros
estudiante pasan gran parte de su tiempo en internet, de donde aprenden e
intercambian información” (Sánchez, 2015, p. 71), por lo que el contexto
comunicativo actual ha cambiado.
Debemos adaptar la comunicación a los
entornos digitales para ello los soportes tecnológicos son el medio físico pero
a la vez el intermediario y facilitador de comunicación.
Cuando existe ruido en la comunicación
el mensaje se distorsiona, lo mismo ocurre cuando existe sobreabundancia de información
y no se tienen la capacidad para distinguir cual es útil o cual no. Por lo que adquirir una competencia medial resulta
imprescindible.
Siguiendo a Bartolomé (2005)
distinguimos tres dimensiones de esta competencia:
a)
Relación autónoma con los medios. Esto
significa la selección, recepción, utilización activa de los medios en razón de
los propios intereses y juicios fundamentados.
b)
Comunicación activa con medios.
c)
Reflexión crítica y responsabilidad frente a la evolución de los medios. Se
contemplan tanto los análisis de la evolución medial en su significado
individual y social como las consecuencias sociales y éticas entre el progreso
tecnológico y las condiciones de vida humanas
Si revisamos el estudio realizado por
Ferrés, Aguaded, García (2012) sobre la competencia mediática de la ciudadanía
española, se pone de manifiesto que:
Tan solo en la dimensión tecnológica
existen unos niveles mínimos de capacitación, confirmando “la incapacidad de la mayoría de los ciudadanos entrevistados para
valorar un mensaje desde el punto de vista artístico…” (p. 28) y el poco
interés mostrado por realizar una producción personal.
Llama la atención la credibilidad que dan al sentido de la
vista, ignorando que aquello que los medios muestran es una “realidad construida” (Aparici y Fernández,
2012, p.202). Habría que
destacar la actitud sobre todo de la mujeres, que si bien observaron
estereotipos de género en los medios, en la publicidad, etc., a muy pocas les
incomodó.
Se comprobó que no conocían la existencia de instituciones
dedicadas a defender los derechos de la audiencia, así como dónde acudir para
realizar una queja, etc. Y sí lo sabían
aun habiendo motivos nunca lo hicieron, comprobándose que “la carencia más grande no es la cognitiva sino la actitudinal”. (p.
35)
Desconocen las profesiones relacionadas con la
comunicación audiovisual y la mayoría manifiesta que solo usan los medios para
informase sobre deportes, desconectarse, etc., e incluso reconocen que en You
Tube solo miran por lo que nunca han pensado en utilizarla la web para mejorar
su entorno social.
Está claro que la enseñanza no solo debe
facilitar una educación a través y con los medios (competencia digital y
tecnológica) sino una educación que oriente sobre su uso “se trata de facultar a los estudiantes para utilizar los medios de
forma consciente, crítica, responsable y activa en su propia comunicación”. (Bartolomé, 2005)
Para ello es imprescindible el uso de
los medios tecnológicos en el ámbito escolar puesto que si de lo que se trata es
de “involucrar al alumno en un aprendizaje interdisciplinar que
valore actividades humanísticas y artísticas y que derribe los muros que han existido
entre las diferentes asignaturas”(INTEF, 2015, p.3), mucho más hay que
insistir en derivar los muros que separa la enseñanza tradicional descontada de
la sociedad digital, porque “el mundo es
cada vez más un mundo de medios siendo éstos los nuevos intermediarios
sociales”. (Bartolomé, 2005)
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